miércoles, 22 de enero de 2025

Homenaje a mi abuelo Alejandro B. Torbay Murad


 

 Mi abuelo,


Alejandro B. Torbay MURAD




Escogí este escrito que hice en el 2020 para comenzar este libro.

Este año se cumplen cincuenta años del fallecimiento de mi abuelo, Alejandro Pedro Torbay Murat, o en su Líbano natal, Scandar Boutros Torbay Murat.

Hoy, un día mas recordando a mi abuelo, siento la necesidad de hacer un homenaje a su memoria.

Hombre sabio, dominaba ocho idiomas a la perfección, graduado en la Universidad Central de Venezuela como Cirujano Dentista, Caracas, 1932.

Formo una bella familia, su esposa, Felipa Salomón y su única hija Elizabeth Torbay Salomón, mi hermosa y adorada madre, una Reina en todos los sentidos, su gran adoración.



Mi madre Elizabeth Torbay Salomón con mi abuelo.

Mi abuelo Alejandro, mi mentor, aun a mi corta edad, me hablaba como si fuera yo un adulto, atesoro vívidos recuerdos de sus palabras.

En unos escritos de su puño y letra, que mi mamá me dio a leer al poco tiempo de su fallecimiento, relata las miserias que le toco presenciar en su travesía desde Tannurin, su pueblo natal en el Líbano, en plena guerra mundial, año 1917, en su camino a Turquía donde además de la guerra, había caído una plaga de langosta, que destruyó toda la vegetación, aniquilando a los animales, no tenían que comer.
Cuenta en ese relato, las desgracias humanas que le toco presenciar, siendo aún un adolescente, cadáveres de ancianos, hombres, mujeres y niños, víctimas de la guerra y el hambre, esparcidos por toda su travesía.

Ya en Turquía, aborda la nave que lo llevará con destino a América.

Llega al Ecuador donde vivía su hermano mayor Rachid Torbay Murat, a quien le dedica su retrato donde aparecen el y todos sus hermanos, que reza:

A mi segundo padre y más querido hermano Rachid, el ejemplar hijo, el sin igual hermano y el mas afectuoso padre, dedico este retrato con el más profundo sentir de mi alma. Alejandro." Caracas, 20/10/1944



Hermanos Torbay Murat

Rachid Torbay Murat, otro gran hombre, quien había creado una empresa farmacéutica en el Ecuador, donde mi abuelo trabajó por un tiempo.

Tiempo después, debido a la situación económica decreciente del Ecuador, decide trasladarse a Venezuela, tierra de oportunidades, donde ya vivían unos primos suyos y quienes lo invitan a irles a visitar.

Mi abuelo queda prendado del esplendor del país y se enamora de una bella e inteligente mujer con quien contrae nupcias, Felipa Salomón, y como mencione anteriormente, forma su familia.

Hombre de grandes y profundos principios, de gustos exquisitos, siendo un hombre sencillo, amante de las buenas costumbres, la familia para él era todo y lo único que tenía valor en esta vida.

Invitó a todos sus hermanos, que habían quedado en el Líbano, a ir a Venezuela y compartir las bendiciones de esa hermosa tierra que tanto tenia que ofrecer.

A todos les ofreció su casa, como no podía ser de otra manera, y siendo todos hombres capaces e inteligentes, igualmente, crearon sus bellas familias, fueron hombres de bien, creadores de fortunas, no solo materiales, sino también espirituales, en su conjunto hicieron grandes obras en favor de la sociedad, todos, sin excepción dejaron huella en Venezuela.

Recuerdo como si fuera ayer, las horas que pasamos juntos en su biblioteca, donde no cabía un libro más!, me hablaba de sus vivencias, de los principios morales y espirituales, siempre recalcó el amor por la familia.

Desde un tocadiscos de discos de acetato, escuchábamos su colección de LPs de música clásica, Mozart y Beethoven, Bach, Brahms, Vivaldi, era un amante de la música, la cultura era una de sus prioridades, me decía: “el conocimiento no pesa, no es una carga, todo lo contrario, el conocimiento te hará libre de cargas innecesarias y te llevara a instancias inimaginables”

Me ofrecía libros donde podía ver dibujos y pinturas de grandes artistas, “Mira esto Eduardo, es la belleza plasmada en papel para nuestro disfrute” me decía con un brillo en sus ojos, me percataba de la alegría que le proporcionaba hacerme del conocimiento.

Fueron horas de gran sosiego pero a la vez de emociones, como te quiero mi viejo , como llore tu partida, sentí un gran vacío, sentí como caía en un abismo sin fondo, me sentía solo en el mundo, te recuerdo como mi apoyo, quien me sostenía de la mano haciéndome sentir protegido.

Fue un hombre que derrochaba alegría, siempre con una sonrisa, siempre estaba de buen humor, con palabras amables, nunca olvidare una tarde que mi hermana hizo una travesura y yo la acuse, me tomo de la mano y salimos de la casa, me dijo ya estando solos, “Eduardo, nunca acuses ni hables mal de tu familia, la sangre se cuida, debes defenderla, no importa que tan grave haya sido la falta, si has de reprochar una conducta o alguna falta a cualquier familiar tuyo, hazlo en privado, hazle ver su equivocación y procura que el daño causado sea resarcido, tu sangre es lo más preciado de tus posesiones, cuídala con tu propia vida hijo mío.”

Como no haber amado a ese ser humano maravilloso, de quien no guardo sino hermosos recuerdos, era amante de la buena vida, amante de la naturaleza, me enseñó a tener compasión y querer a los animales, recuerdo que tenía libros de veterinaria, estudió por su cuenta para tratar el mismo a sus animales, tuvo una yegua árabe en el hipódromo La Rinconada, Caracas, mi mamá siempre me hablaba de esa época, tiempos de alegrías.




De religión Maronita, fiel creyente, siempre colaboro con su iglesia.

La Iglesia Maronita en Venezuela es obra de los hermanos Torbay Murat, sus descendientes y sus mas cercanos amigos.

Largas horas contemplando el mar en su casa de Playa Verde, La guaira, arropados por la brisa cálida del Caribe, desde uno de los Sanjuanes de su casa, escuchando su radio transatlántico, donde podía captar las emisoras del mundo, me hablaba de lo que se oía, me decía, “estamos escuchando la radio de Cuba”, y hablaba de la política, cosa que no entendía en ese momento pero que hoy tienen sentido sus palabras, “escucha con atención, esta emisora es de tal o cual país”, yo lo disfrutaba enormemente.

Fiel defensor de las libertades del ser humano, la fraternidad, la unión, su mesa siempre era visitada por amigos y familiares, sus puertas estaban abiertas a todos, hombre generoso, en su consultorio se podía ver personas de todos los estratos sociales, trataba a todos sin importar si podían pagar o no.

Su recuerdo me llena de alegría, pasé momentos muy felices en su presencia, que gran regalo me dio Dios al darme a mi abuelo!

Pese a mi corta edad, recuerdo a todos los hermanos Torbay Murat, excepto a Rachid, a quien no tuve el honor de haberle conocido, solo por las historias que me contaba mi abuelo, a quienes les recuerdo con mi más grande amor y admiración, gente excepcional, de mucha alegría, solo recuerdo momentos gratos, risas, brindis y celebraciones, casas abarrotadas de tíos, primos y allegados, en armonía, celebrando la vida, son recuerdos que llenan mi corazón de gran regocijo.

En las reuniones familiares, abundantes manjares preparados por las hermosas y cariñosas mujeres de la familia, todos los tíos jugando "taule", fueron tiempos inolvidables.

Lamento en el alma, no haber podido disfrutar por más tiempo de ese calor humano, es mi sentir por mi abuelo, quien para mi fue el gran ejemplo a seguir, sus enseñanzas calaron en mi ser y nunca las he olvidado, lo quiero desde mi alma.

Como te extraño mi amado abuelo, siempre estarás en mi memoria.

Eduardo Alejandro Carvajal Torbay.

Diciembre 2020.

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